viernes, 16 de mayo de 2008

3 de Mayo de 1998


Aunque la primera, y única vez que oí de "Harry Potter fue en 1998, en todo mi tiempo como fan involucrada sólo he encontrado a una persona que haya conocido y leído de los libros antes del 2000, fecha de su traducción al castellano. Incluso, incluyéndome, somos poquísimas las personas que los hayamos leído antes de que, en el 2001, estallara el “boom” en la pantalla grande. La mayoría de personas los leyeron cuando ya las películas eran famosas, publicidad mediante, y no necesariamente a partir de la primera película, sino de la segunda en adelante, dependiendo de la edad del lector correspondiente.

Es por esta razón que al leer los libros muchas veces olvidamos que están escritos en un periodo anterior al actual; que el mes en que Harry cumplió los 11 años bien pudo haber ido al estreno en cartelera de “Terminator 2” o de “El silencio de los inocentes” o que podía ver en la televisión las recién estrenadas “Clarissa lo explica todo” o “Baywatch”; que si no hubieran atacado la boda de Bill y Flegm podrían haber bailado con las novísimas Spice Girls o escuchado el también nuevo “Laura no está” de Nek; y por estas diferencias de espacio/tiempo también olvidamos que aunque no hace mucho nos moríamos porque saliera el libro final de la saga, para los “Diecinueve años después...” no faltan más que nueve años.

Siguiendo la misma línea, aunque el 21 de julio del 2007 recién nos hayamos enterado de la muerte de Lord Voldemort, el 3 de mayo de este año ya celebrábamos (en este caso está bien usado el “celebrar”) los 10 años del aniversario de su muerte.

Claro, en esa fecha no solamente falleció Voldemort, así que principalmente sería el décimo aniversario de la batalla en Hogwarts, pero vamos a lo que nos interesa hoy: Lord Voldemort.

Hablar de su biografía sería altamente innecesario, estoy convencida que todos los que vayan a leer este artículo ya saben que nació un v31 de diciembre de 1926; que tuvo antepasados célebres como Cadmus Peverell y Salazar Slytherin; que su varita era de tejo, medía 31 centímetros y tenía como núcleo una de las plumas de Fawkes; que ante el espejo de Oesed se vería todo-poderoso e inmortal y que su boggart es su propio cuerpo sin vida. Y bueno, si no sabían, ya se enteraron.

Como no hablaremos de quien es, vayamos a otro punto, ¿qué ocasionó la caída de Lord Voldemort – o Tom Riddle- en sí? Literariamente hablando, este personaje cumple con todos los requisitos de un villano legendario, convirtiéndose en el “Señor Tenebroso” por excelencia. Ya una vez describí el libro “La Enciclopedia de Fantasía” de John Clute y John Grant, dónde se ennumeran algunas de las características que definen a un “Señor Tenebroso” clásico. Para resumir, algunos puntos serían:

- Un señor tenebroso ha sido vencido a menudo, pero no ha sido destruido.
- Aspira a ser el príncipe de este mundo.
- Es una fuerza abstracta.
- Representa un “debilitamiento”, la idea que “antes de que empezara la historia escrita, hubo una disminución”; como la muerte que Voldemort causó antes de que Harry fuera enviado a casa de los Dursley.
- También es un símbolo de “degradación”, un colapso moral, a menudo fruto de un pacto cuestionable, como el sellado por lo muchos mortífagos que intentaron aumentar su poder aliándose con Voldemort y apoyándose en esto para alejar a los de sangre mezclada.
- Infringe daño empujado por la envidia, pues su motivación inicial es vengarse de todos debido al resentimiento que siente por aquellas cosas que en el fondo siempre quiso tener y nunca tuvo.

Y por supuesto, podríamos añadir una característica más en común: en las historias legendarias, el “malo” nunca vence (lo que no necesariamente quiere decir que los “buenos” siempre ganen).

En la Universidad de Innsbruck (Austria), el Dr. Nikolaus Wandinger le ha dibujado paralelos con el Rey Herodes, pues ambos tomaron infinidad de vidas para eliminar a “el Elegido”. Son obvias las similitudes que su “limpieza de sangre” tiene con la aversión nazi a los judíos. La misma Rowling confesó haberse inspirado en los sistemas del Ku Klux Klan (incluyendo las togas ceremoniales). Críticos de todas partes del mundo lo han comparado con infinidad de villanos que van desde Darth Vader (pues tienden a inclinar a otros al lado oscuro) hasta Hannibal Lecter, pasando por Sauron, Macbeth, Mephistófeles, el Capitán Garfio y la Reina de Corazones, considerándoles como verdaderos “ejes del mal”.

Pero estos “ejes del mal” tienen un defecto en común: la arrogancia. A pesar de que en Voldemort el conocimiento de la magia es más extenso que el de ningún otro mago actual, lo hemos visto cometer errores cruciales en su “carrera al poder” debido a este defecto. Errores que le han costado la vida, literalmente, al desestimar la habilidad y las acciones de muchos de los que lo rodeaban.

Entre otros ejemplos, en la CS su recuerdo olvidó el poder curativo que presentan las lágrimas de fénix, debido a que estaba demasiado ocupado burlándose del envío que había recibido Harry para protegerse. En el CdF admitió haber olvidado el poder de la magia que usó Lily para proteger a Harry por un simple razón: no entiende ni entendió nunca el poder del amor, pues él nunca amó.

Este “no entender el amor” y su arrogancia son los dos pilares fundamentales de su derrota, pues nunca pudo entender – y por lo tanto predecir- el motor de las acciones de Dumbledore y Harry, y por su arrogancia los despreciaba, lo que nos lleva al momento mismo de su caída.

Durante todos los años que persiguió a Harry, el único mérito que le acreditó fue el haber logrado sobrevivir “gracias” a su madre. Nunca pensó realmente en él como “el Elegido”, sino mas bien en un niño con mucha suerte, sin valor aparente que el de hacerlo quedar bien cuando lo matase. Y aunque dicen que “Dumbledore fue el único al que alguna vez temió”, el desprecio que sentía hacia él y hacia lo que defendía lo llevó a confiarse que con su muerte, el responsable directo de sus fracasos se habría terminado.

Durante en la batalla en Hogwarts, Voldemort creía dar muestras de “misericordia” a cambio de entregar a Harry, porque no entendía porqué otros se involucraban en una pelea por defender a alguien, y mucho menos los creía verdaderamente capaces de poder estar a la altura y pelear al final sin rendirse por un ideal.

Hasta el último momento, por su arrogancia obvió la relación que tenía con Harry. Fue perfectamente capaz de comprender que Harry tenía parte de él gracias a la Maldición Imperdonable – es más, era una información que había usado varias veces para su propio provecho. Pero olvidó que él también había necesitado en algún momento a Harry, por lo que tenía parte de él en su sangre, situación que llevó a que Harry no muriera realmente con la Maldición Imperdonable que recibió en el Bosque Prohibido, pues su sangre aún seguía existiendo en Voldemort.

Su arrogancia le hizo confiar en la muerte de Harry, pero peor aún, su “no entender el amor” le hizo confiar en la veracidad de las palabras de Narcisa, que fue capaz de todo con tal de asegurar el bienestar de su hijo.

Tampoco pudo nunca entender la fuerza del amor que Snape le tuvo a Lily, la que lo llevó a trabajar tantos años como un doble espía, y a sacrificarse a así mismo por proteger al hijo de quien amaba. Creía Voldemort que simplemente Snape se había encaprichado con la chica que no pudo tener, y que esto sería tan simple como “conseguirle” otra mujer. Los sentimientos de cualquier clase eran despreciables para alguien que sólo se preocupaba en sí mismo y el poder, como enseñó a sus seguidores: “Sólo existe el poder, y personas muy débiles para tomarlo”. Si Voldemort hubiera tenido la menor idea de lo que logra realmente el amor, hubiera dudado dos veces de Snape antes de confiarle tan importante tarea en Hogwarts, pues no sólo lo traicionó, sino que sin el papel que Snape jugó por salvar a Harry, este nunca hubiera logrado conseguir lo necesario para vencer a Voldemort.

Fue la misma arrogancia que lo llevó a desestimar la implicancia que había tenido Draco en la muerte de Dumbledore. Si bien él siempre supo que el chico sería incapaz de vencer al director y sólo le encomendó esa misión para vengarse por el error cometido por Lucius en el Departamento de Misterios, fue Draco quién arrebató la varita a Albus, y a pesar que Snape lo mató, según el comportamiento de las varitas, la Elder Wand siempre perteneció a Draco.

Por apoderarse de esa varita Snape asesinó a quién consideraba uno de sus mejores súbditos (claro, sin saber que lo traicionaba) y fue al encuentro con Harry tan confiado del poder de la varita que dudó cuando Harry le reveló quién era el verdadero propietario. Obviamente, la Varita de Saúco se negó a asesinar a su verdadero amo, y la maldición rebotó contra sí mismo. Al igual que la maldición que él lanzó, no fueron sino sus propios errores los que lo mataron.

En esto diez años asumimos la reconstrucción del mundo mágico, pero no dudo que la influencia de Voldemort y muchos de sus seguidores aún perdure, especialmente en personas incapaces de ver más allá de si mismas, de igual forma que en nuestro mundo muggle aún resuenan ecos de las atrocidades y genocidios cometidos contra muchas razas a lo largo de la historia.

Aunque Voldemort iniciara la guerra de la “limpieza de sangre” como motivo de su lucha, en realidad todo no fue más que una vendetta personal hacia aquello que despreciaba o que quiso y nunca pudo tener, pues mataba a los mestizos por “sangre-sucias” y a los de sangre pura por “traidores”, como a los Prewett; sin embargo, quién más cerca llegó a él (exceptuando a Bella) fue Snape, uno de sangre mestiza como él.

Voldemort como personaje es otra de las grandes críticas al racismo que usa Rowling, siendo el principal valor de toda la historia; y con esto a creado uno de los personajes más interesante y perfecto ejemplo de villano que seguirá siendo admirado por pocos y detestado por muchos, aún diez años después de su muerte.